Hoy toca un poco de historia, de mi historia:
Mi padre era un piel roja nacido en Arizona que, tras múltiples escándalos, fue expulsado de su pequeña tribu (una de las pocas que quedaban en los años 80 en esa parte de los Estados Unidos). Su intento de cambiar la mente de los indios más conservadores fue un total fracaso que le llevó a servir hamburguesas en un local texano.
Años después, mientras mi padre iba prosperando, el poblado en el que había nacido fue totalmente devastado. Los dioses (que todo lo ven) hicieron una letal justicia y a todos aniquilaron. Mientras tanto, mi embrión empezaba a pasearse por California.
Mi madre andaba algo perdida y un viaje era necesario. Mi padre repartía hot dogs en su pequeño negocio playero. A mi madre le entró hambre y el amor llegó así, sin previo aviso (eL amor siempre debería llegar con el hambre).
Mis padres se amaron en la playa, en el local de hot dogs, en el coche, con patines, rápido y sin planes. Hasta que llegó la hora del vuelo. Mi madre debía volver a Vizcaya y con ella, mi padre en la maleta.
Pronto formaron una familia y un hijo suyo acabó fascinado por las historias que su padre contaba sobre sus raices.
Un pequeño niño sonriente que, a sus 9 años, ya tenía la documentación suficiente para crear una lista de más de 100 indios ilustres que se paseaban entre el resto de los mortales, sin plumas y sin un solo vestigio de su yoindio. El niño miraba a Batman, soñaba con él, le admiraba. Se obsesionó totalmente y creció en el lado oscuro.
Ese niño soy yo.
Y esa fotazo de ahí arriba es de Arturo Cardoza.

Ahívalaostia, que diría alguno.
Nada que contar, sólo que esta vez va en serio, sin más, porque sí.
me ha gustado tu historia..